Sus sollozos penetraban mi habitación,
Las paredes no eran lo pasaderamente fuertes…
Recluida en su habitación, sin ningún consuelo mas que su ilusión.
Las palabras no salían de su boca,
Sin embargo sus dedos hacían volar su imaginación.
Le asustaba la adhesión y el dolor.
Le apasionaba el cielo y su tornasol.
Pobre niña del espejo que en profusas piezas su vida fragmentó…

